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Correr

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El tiempo. Un constante análisis. Analizar es la inevitable maldición de pensar. Pensar que el tiempo lo cura todo. Soñar, el exceso de realidad. La realidad vacía que se nos restriega en la cara. El vacío del que todos huimos (creemos huir). Huimos por miedo. El miedo que nos acecha desde el primer respiro. Respirar nos recuerda que existimos. Existir, concepto infravalorado y mal entendido. ¿Entendemos? ¿O solamente creemos tenerlo todo resuelto? Creer, la más grave enfermedad del ser humano. Humanos, cada vez somos menos y, cada vez, somos más gente. El ser se difumina ante las garras del tener. Un espejismo del poder que no dura nada, es efímero. Como el tiempo. Que nunca ha dejado de correr.  

Sobrevivir

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"No existe la marcha atrás, nunca seré más joven que hoy"  Valentín Oliva - Caída Libre                                                                   Creo que la cualidad efímera de los momentos es traicionera. Cada vez que me encuentro en un punto tan alto, que pareciera no tener caída, me encuentro también con la constante presencia de la muerte, que me recuerda el final de todo, que me duele hasta el fondo del alma. De todas formas, aún no logro descifrar si es realmente la muerte o más bien, la ausencia, lo que asusta al subconsciente. La muerte, omnipresente idea a la que le hemos dado entidad y que ahora, por esa razón, se nos aparece en todas partes.      Constantemente enfrento el terror inmenso de perderme en la nada sin entender cómo; más aún, sufro de ansiedad al pensar que podría dol...

Porter de la casa

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 Que la báscula subiera era lo peor que me podía pasar. Afirmación un tanto dura, pero no hay nada más cierto que eso. La obsesión con la que subía a ese aparato era —casi— enferma y, ¿les cuento algo? Solía temerle a la cerveza de una manera descomunal. Hoy lo digo sentada en una cervecería, yo sola, con mi tercer vaso servido y con todo el temor del mundo, pero sin detenerme de todas formas. Me escudo, tal vez, en que ahora sé beber. Igual... ¿a quién le importa?      Ajá, no cambié tanto como parece, sólo recordé que no soy el centro del Universo (difícil para algunos, ¿no?). Si bien cada uno es el personaje principal en su propia historia, de cualquier forma sirve recordar lo insignificantes que somos. No me he pesado en años y nada ha cambiado, la verdad; la ropa me queda bien y, a ratos, no tanto, pero igual quepo ahí, en prendas que conservo desde hace mucho. Nunca he sido de ir de shopping , ni de probarme mil cosas, no soy esa persona. Luego me di cuenta de ...

Conectada

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Todo es temporal. Una aseveración dolorosa y difícil de aceptar que, aunque algunas veces reconforta saberlo, la mayoría de las veces deja un inexplicable vacío que aún no he hallado cómo aliviar.  En muchas ocasiones he asegurado comprenderlo todo, dándome cuenta, en cada una de ellas, de que no había entendido nada en realidad. Es por eso que ahora le he quitado peso a intentar saber, a intentar resolver cada enigma que se me cruza. He decidido mejor concentrarme en disfrutar el presente, lo único que tengo, lo único que vivo, lo único que siento. Si hay algo de lo que tengo certeza es que no está en mis manos el desenlace de la historia, únicamente el desarrollo y la manera de abordar el clímax me pertenecen; mi reacción ante la acción del Universo me llevará a un destino.  Con el tiempo, después de haber perdido mucho, llegué a la conclusión de que, si todo es transitorio, entonces debo abrazarlo con más fuerza mientras pueda, dejar de temerle a la intensidad, a la profund...

Perder la vida

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¿Cuándo realmente pierde uno la vida? Morir es un verbo inevitable, perder la vida, en cambio, es una acción totalmente opcional; morir es sin duda la evolución de la energía mientras que, perder la vida, es encapsularla e impedir su paso hacia la trascendencia.        Es sencillo, sólo haz el recuento: ¿cuántas cosas que realmente deseabas te has negado a aceptar? ¿Y cuántas veces has aceptado lo que en verdad no deseabas? ¿Cuántos “no” y “sí” has regalado en contra de tu intuición y voluntad? No es tu culpa, es que hemos sido criados esclavos de un monopolio de pensamientos que suprimen nuestra individualidad. Pero sigues aquí, siempre que aún te estremezcas con un roce de piel, que seas capaz de llorar de tristeza o de reír hasta las lágrimas, de sentir profundo dolor e intensa alegría; siempre que exista emoción que te mueva el suelo, que sientas hambre de más en el alma y que el espíritu te jale como un imán hacia tus pasiones.       Nun...

Punto de quiebre

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Hoy entiendo que la vida nada tiene que ver con hacer lo que otros dicen, sino lo contrario. Que la clave de estar bien está en el anarquismo emocional, en simplemente ser aunque incomode. En ese sentido, incomodar puede ser sinónimo de que se es demasiado grande para caber donde cientos han cabido juntos siempre. El dolor ocasiona el cambio y lleva al valeroso momento de quitarse la máscara de falsedad que a los demás les encanta mirar porque se identifican, porque saben que ellos también la llevan puesta. Cuando uno se ve caer a sí mismo como las hojas en otoño —incontrolable, inevitable, imparable y con un semblante seco— no hay vuelta atrás, ya se es otro. Ahora uno se percibe como se percibe a un campo lleno de aquellas hojas: hermoso, valioso y necesario. Y es cuando la necesidad se ha presentado, cuando en lo profundo se ha abierto una herida que entinta desde la raíz; cuando una parte de ti se ha muerto y la has visto yacer ante ti e irse arrastrada por el remolino que es el de...

Hace falta

Hace falta valor para romper barreras, para decir la verdad y encontrar un camino propio en el que nuestros pasos dejen huellas únicas. Hace falta visión para prever los obstáculos, paciencia para saber que no podremos evitarlos, comprensión para entender que somos complejos y cambiantes, que está bien cambiar de dirección; hace falta abrazar la imperfección que nos rodea, dejar las exigencias absurdas, dejar la expectativa hacia otros, dejar de mirar hacia otros, mirar más hacia adentro. Hace falta soltar, dejar de arrojar cadenas a quienes caminan a tu lado porque no te pertenecen, hace falta entender que la mente ajena es independiente, que nadie va a actuar como tú deseas sólo porque sí, que las personas no leen tus pensamientos ni entienden de actitudes o mensajes escondidos; hace falta sanar tanto que la honestidad no sea un valor agregado, sino un incondicional de nuestro actuar. Hace falta dejar de esperar que otros te complazcan y complacerte a ti mismo, dejar de juzgar sin co...