Hace falta

Hace falta valor para romper barreras, para decir la verdad y encontrar un camino propio en el que nuestros pasos dejen huellas únicas. Hace falta visión para prever los obstáculos, paciencia para saber que no podremos evitarlos, comprensión para entender que somos complejos y cambiantes, que está bien cambiar de dirección; hace falta abrazar la imperfección que nos rodea, dejar las exigencias absurdas, dejar la expectativa hacia otros, dejar de mirar hacia otros, mirar más hacia adentro.

Hace falta soltar, dejar de arrojar cadenas a quienes caminan a tu lado porque no te pertenecen, hace falta entender que la mente ajena es independiente, que nadie va a actuar como tú deseas sólo porque sí, que las personas no leen tus pensamientos ni entienden de actitudes o mensajes escondidos; hace falta sanar tanto que la honestidad no sea un valor agregado, sino un incondicional de nuestro actuar.

Hace falta dejar de esperar que otros te complazcan y complacerte a ti mismo, dejar de juzgar sin conocer la raíz, atreverte a escuchar más y hablar menos, dejar de suponer, dejar de afirmar que sólo tú estás en lo correcto. Hace falta aceptar que tu mente aún no está abierta, que tus acciones también han afectado a los demás alguna vez, que tu egoísmo es tan grande como el que aquejas.

Hace falta desaprender lo inservible, entender que lo que funciona para ti, no necesariamente funciona para los demás. Hace falta empatía real y conexiones más fuertes; hace falta vivir con menos pena de ser libre, menos prejuicios y ataduras que enferman; hace falta darle menos importancia a lo que los demás digan de ti, hace falta más amor hacia ti mismo, hace falta tomarse menos en serio las cosas, menos personales.

Hace falta entender que no somos tan importantes para el inmenso Universo en el que habitamos, que el mundo no deja de girar por uno. Hace falta reconocer nuestra insignificancia, desprendernos de las ideas arraigadas, entender que no tenemos el control de nada aunque a veces parezca que sí; tener en cuenta que nada es nuestro, que la muerte no discrimina, no avisa, no pregunta.

Hace falta recordar de qué estamos hechos y olvidar las etiquetas. Hace falta existir con más congruencia y menos miedos, con más "quiero" y menos "me dijeron". Hace falta dejar de intervenir en historias que nosotros no escribimos y vivir más nuestro propio guión en el que sí podemos y debemos ser el personaje principal.




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