Punto de quiebre

Hoy entiendo que la vida nada tiene que ver con hacer lo que otros dicen, sino lo contrario. Que la clave de estar bien está en el anarquismo emocional, en simplemente ser aunque incomode. En ese sentido, incomodar puede ser sinónimo de que se es demasiado grande para caber donde cientos han cabido juntos siempre.

El dolor ocasiona el cambio y lleva al valeroso momento de quitarse la máscara de falsedad que a los demás les encanta mirar porque se identifican, porque saben que ellos también la llevan puesta. Cuando uno se ve caer a sí mismo como las hojas en otoño —incontrolable, inevitable, imparable y con un semblante seco— no hay vuelta atrás, ya se es otro. Ahora uno se percibe como se percibe a un campo lleno de aquellas hojas: hermoso, valioso y necesario.

Y es cuando la necesidad se ha presentado, cuando en lo profundo se ha abierto una herida que entinta desde la raíz; cuando una parte de ti se ha muerto y la has visto yacer ante ti e irse arrastrada por el remolino que es el destino. Es ahí cuando entiendes que tu egoísmo es inútil, que tú no eres (ni serás) el centro, que tus reglas son invisibles y que tu necesidad de controlar lo que te rodea es más bien reflejo de que te hace falta control sobre ti.

El punto de quiebre —bendito y maldito— te acerca a tu mejor versión con el dolor más inmenso que puedas sentir; te embriaga de él y te absorbe hasta los huesos, te vuelve irracional, te arrastra hacia una soledad abismal que, si no logras detectar a tiempo, puede quedarse por años en ti y hacerte su esclavo.

¡Deja de llenar expectativas! ¡Deja de fingir que no importa lo que tú quieres, lo que tú sientes! Si es para lo que viniste aquí... Deshazte de la vista borrosa que te hicieron creer que tienes, regrésale el color a la imagen frente a ti, reiníciate. O de una vez acepta que no tienes el valor para vivir por ti y para ti, mírate al espejo y convence a tu espíritu de que nunca será liberado por tu miedo a enfrentar a quienes temen a que esa llama ardiente que muestra tu mirada queme sus disfraces.

Aquí el camino se rompe en dos y uno de los lados te lleva de regreso mientras que el otro es incierto, pero nuevo. Ahora es cuando sabes si eres uno más, o si ya lo has entendido.





Comentarios

  1. A veces la confusión es tal que piensas que ser tú es hacer o dejar de hacer determinadas cosas y en realidad solamente es otra máscara o un disfraz que atrapa al verdadero SER... libre...
    Pero qué escrito tan genial...como todos...

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    1. Tienes un punto. Es cierto que existe esa confusión, que también es creada porque muchas veces nos dicen que "ser nosotros" está mal. Muchas gracias por leerme, ¡saludos!

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