Sencillos Anhelos
Siempre he pensado que mis deseos son muy simples y grandes a la vez. Una terraza con una linda vista, un piso iluminado y blanco, como un lienzo; un café al cruzar la calle y noches que se conviertan en conciertos, en bailes, en romance infinito. Amaneceres anaranjados que atraviesen un ventanal, una nevera llena de imanes que hablen más de mí que mis palabras…
Siempre he sentido que podría tomar la cotidianidad y volverla una historia digna de contarse en algún libro, o en alguna canción; que podría transformar cada uno de mis días en el episodio más esperado de una serie, en ese video inédito de escenas perdidas que todo mundo espera ver.
Quizás es sólo que me ha tomado demasiado escribir el guión y, entre tantas letras, me he hundido en el detalle y olvidado lo inevitable que es equivocarse. Que aunque revise con lupa cada palabra escrita, alguien más hallará ese typo, la tilde faltante o una frase carente de sintaxis que le quita sentido a todo un párrafo, aunque luego se corrija.
¡Qué ironía! Que para alcanzar tan sencillos anhelos mi mente busque siempre una superficial perfección sin entender que, en realidad, en la simpleza de todo aquello se encuentra lo absolutamente perfecto. El tiempo es el único que sabe cómo y hacia dónde avanzar; nosotros sólo caminamos a su ritmo —aunque a veces a destiempo— intentando tocar la cima.
Siempre he pensado que pienso demasiado…
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