Here comes the Reckoning...Day
Un ambiente denso invadía el país desde meses atrás, cuando la nación abría paso al proceso electoral del año 2018. El pueblo en tiempos de elección perdía la cabeza a partir del inicio de campañas. Todos decían que este año, las cosas debían ser diferentes. Que con el acceso a la información y las facilidades con las que contábamos, no habría pretexto para que algo resultara fallido. Vinieron los debates: exposición a la burla. Si alguien sabe tomarse a sí mismo con humor, es el mexicano. Caminar por las calles volvía la sangre más pesada; mirar la televisión, leer las noticias. Psicosis oculta y colectiva, enterrada en la piel, pero siempre expuesta en las redes.
Los candidatos se batían en una contienda que parecía no tener fin, mientras nosotros intentábamos conectar con alguno de ellos, ¡el que fuera!, pero alguno que nos hiciera vibrar con la idea de aquel cambio real que todos ofrecían, pero ninguno con autenticidad, al parecer. No era el caso de todos, por supuesto, pues muchos simpatizaban ya con algún candidato al que adoraban (casi siempre) fanáticamente, por la razón que fuera. Las diferencias de opinión tan marcadas, daban pie a la violencia en línea, que se vivió con más intensidad conforme se acercaba el mes de julio. La sociedad escribía el guión dramático que conducía hacia el día en que debíamos tomar la más importante decisión para la nación.
Muchos de nosotros, por primera vez haríamos frente a las boletas electorales. Se hablaba de fraudes, de utopías y de soluciones posibles. La eterna lucha por el poder, por tener la razón, la verdad absoluta. El bienestar de todo un país parecía estar en peligro, más que nunca. No confiábamos en nadie, ni nadie confiaba en nosotros, y tarde o temprano, unos pagarían por otros. Se respiraba confusión y frustración, pero nada iba a detener el tiempo. Llegó entonces el día del juicio. El 1 de julio, desde temprano, las filas se hicieron presentes afuera de las casillas para emitir el voto. Se notaba incomodidad. Muchos entraban a votar, y salían con el rostro desencajado: "ningún candidato responderá por mí, ni por los míos, pero tengo que votar". Así se fue el día, con altas y bajas, noticias falsas y especulaciones.
La hora de la verdad. Los demás candidatos reconociendo su derrota, la victoria del otro. Los ciudadanos debíamos poner una rodilla en el piso. "¿Se puede hacer algo todavía?", se preguntaban muchos, pero ya estaba hecho. "Ha ganado la democracia", repetían otros. Entre tanto alboroto, casi olvidábamos que estábamos presenciando algo histórico. El voto libre, sin embargo persuadido; secreto, parafraseado, más bien. Un giro que para muchos resultaba obvio, y para otros parecía algo prácticamente increíble. Entre festejos y llantos, las luces de México se apagaron hasta tarde tras el magno evento recién presenciado. Sin importar por quién se había votado, la mañana del 2 de julio emitía gran incertidumbre.
Nuestro país es un lienzo en blanco hoy. Una historia que depende más de sus intérpretes, que de su autor. Y la cuenta regresiva comienza de nuevo...
Muchos de nosotros, por primera vez haríamos frente a las boletas electorales. Se hablaba de fraudes, de utopías y de soluciones posibles. La eterna lucha por el poder, por tener la razón, la verdad absoluta. El bienestar de todo un país parecía estar en peligro, más que nunca. No confiábamos en nadie, ni nadie confiaba en nosotros, y tarde o temprano, unos pagarían por otros. Se respiraba confusión y frustración, pero nada iba a detener el tiempo. Llegó entonces el día del juicio. El 1 de julio, desde temprano, las filas se hicieron presentes afuera de las casillas para emitir el voto. Se notaba incomodidad. Muchos entraban a votar, y salían con el rostro desencajado: "ningún candidato responderá por mí, ni por los míos, pero tengo que votar". Así se fue el día, con altas y bajas, noticias falsas y especulaciones.
La hora de la verdad. Los demás candidatos reconociendo su derrota, la victoria del otro. Los ciudadanos debíamos poner una rodilla en el piso. "¿Se puede hacer algo todavía?", se preguntaban muchos, pero ya estaba hecho. "Ha ganado la democracia", repetían otros. Entre tanto alboroto, casi olvidábamos que estábamos presenciando algo histórico. El voto libre, sin embargo persuadido; secreto, parafraseado, más bien. Un giro que para muchos resultaba obvio, y para otros parecía algo prácticamente increíble. Entre festejos y llantos, las luces de México se apagaron hasta tarde tras el magno evento recién presenciado. Sin importar por quién se había votado, la mañana del 2 de julio emitía gran incertidumbre.
Nuestro país es un lienzo en blanco hoy. Una historia que depende más de sus intérpretes, que de su autor. Y la cuenta regresiva comienza de nuevo...
Excelente texto. Lo compartiré.
ResponderEliminar¡Muchas gracias!
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