Líneas
"¿Qué son ustedes?" Íntimos. La respuesta correcta a la inevitable pregunta debería ser esa: "íntimos compañeros de vida". ¿Qué es cualquier otro nombre comparado con ese? No es nada más que un pase gratuito a ser esclavo de las etiquetas, a convertirse en parte del vulgo. Pero el amor, ese es indescriptible y sin la intención de romantizar el concepto, me atrevería a decir que se asemeja al mar, porque no tiene un comienzo, sólo empieza donde uno lo ve.
Tampoco debería terminar, más bien nuestro egoísmo —de humanos— es lo que le traza un final. Olvidamos algo tan sencillo como que nada dura para siempre. Por eso al amor no se le nombra, para que las personas, siendo nada, sean eternas. Sólo unos pocos comprendemos eso; que todos vamos por la vida en caminos perpendiculares a los de otros y, en cierto punto, los caminos tienden a cruzarse y a veces se vuelven, no paralelos, sino una sola línea.
Es eso. Nosotros ya no somos perpendiculares ni paralelos. Somos la línea (no curva, ni recta); línea que dibuja los continentes, que sube los volcanes y no puede quemarse, que atraviesa los mares sin hundirse o ahogarse. Somos la línea invisible del Ecuador. También somos la Tierra y, por tanto, somos día y noche, las estaciones del año.
Por otra parte, la soledad permanece incomprendida. Es temida y, sin embargo, no es más que una etapa efímera del amor. Una etapa necesaria para la comprensión del ser. Al final, es por eso que siempre me pregunto qué sería del mundo sin nosotros, que lo hemos hecho todo a un lado para no caer en el juego, en la eterna rueda de la fortuna a la que la sociedad misma se ha condenado y que es peor que una cárcel. Lo que es un hecho, es que la libertad nos la damos solos. Cuando ya no somos perpendiculares ni paralelos, ni aquella línea recta, ni la curva. Somos la línea y, en fin, como todo está hecho de líneas... somos perfectos.
Y se dice que toda línea es, en realidad, una consecución de puntos. Amor, libertad, aún soledad, son ello, una inconmensurable sucesión de puntos que sembramos a cada instante, hasta que alguno de esos puntos, converge con el de alguien más.
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