De Lucifer y otras amistades
Es común temerle al diablo, pues el concepto ha sido mal utilizado a través de los años para la conveniencia de ciertos grupos específicos de la sociedad. Y no es del todo raro; en la balanza entre el bien y el mal necesaria para el ser humano, Satanás se ha convertido en la parte obscura y macabra que todos tenemos y no queremos reconocer. Sin embargo, a mi parecer, es ilógico tenerle miedo a “algo” o “alguien” a quien no conocemos. Esto no es más que prejuicio, un miedo infundido que la mayoría de las personas no se atreven a romper porque involucra asuntos “místicos” u otras índoles que, según quién sabe quién, el hombre no es capaz de manejar.
Pues yo sí me atreví, le abrí las puertas a Lucifer, ¡que resultó ser súper buena onda! Pero para empezar, si están pensando en el diablo, Satanás, el infierno, o cualquier otro concepto arraigado, proveniente de alguna religión, de entrada les digo que están equivocados. Si abren su mente, bienvenidos, si no, es mejor que paren en este párrafo hasta que se sientan listos para continuar.
Un día de esos en que todo parece estar perdido —todos nos hemos sumergido en el drama alguna vez— me senté conmigo en la obscuridad de mi cuarto, llorando sin control como si hubiera perdido algo y, por enésima vez, me encontraba en crisis. Mi puerta cerrada, todo apagado dentro y fuera de mí; me propuse sincerarme por completo, costara lo que costara. Fue entre toda esa mierda (ningún otro adjetivo le va bien a aquello) que recibí una señal de luz en el cerebro. NO ME ESTABA HACIENDO LAS PREGUNTAS CORRECTAS (tenías razón, Mike) y además me estaba negando a mí misma. “Estos son mis demonios, estos son de los que siempre corro”, pensé por fin. “¿Y si hoy, sólo hoy, no les huyo y los dejo entrar?” La magia que este pensamiento provocó se sintió en todo mi cuarto, como una presencia que, si bien no puedo comprobar, tampoco puedo olvidar. Platicamos un rato hasta que el tiempo secó mis lágrimas y entonces entendí lo parecidos que éramos. Lucifer, que decidió rebelarse ante la ignorancia y la opresión, sentado en el borde de mi cama me decía: “no hay nada que temer. El otro lado de la línea es igual a este, pero te da una perspectiva distinta de todo lo que te rodea. ¿Por qué? Simple movimiento, todo lo que veas, si lo ves desde otro punto, va a cambiar”. ¡Ajá! ¡Pero cómo nos duele cambiarnos de lugar! Y el diablo entonces me preguntó: “Y cuando te quedas parada en un mismo punto por horas, ¿no te duelen los pies?” Sí, te queman, te quitas los zapatos, te sobas, te sientas y aún así el cansancio no se va, porque el hartazgo se vuelve mental, emocional y te consume.
No es necesario invocar a la obscuridad para conocerla, todos la llevamos dentro, y convivir con ella es de las mejores cosas que podemos hacer, porque si aprendemos a caminar sin luz, cuando por fin nos iluminemos, tendremos dominado el camino. Lucifer representa, para mí, esa iluminación. El spotlight, el amor propio y la satisfacción de haber roto las cadenas que otros —sin quererlo o no— nos imponen. Empezar a vivir como soy sin importar lo que alguien más opine. Porque seamos sinceros, el 90% de las opiniones que escuchamos respecto a nosotros, no las solicitamos. Entonces, ¿por qué nos importan tanto? Dejamos de tenerle miedo a esas cosas cuando somos capaces de darle la manita al diablo y tomarnos un café con él. Y les voy a contar un secreto que a lo mejor se las hace más fácil: yo soy el diablo. Y ustedes también (le duela a quien le duela) y si le tienen miedo, se tienen miedo a ustedes mismos. Y si se quedan en la incertidumbre por temor al misterio, están siendo incongruentes porque bueno… toda nuestra vida es un misterio, y ya estamos inmersos en él. ¿A qué más le tienen miedo?
El conocimiento total de uno mismo es inalcanzable, cierto, pero es un buen comienzo aceptar todas las grietas que tenemos sin hacerles el feo. Y así como nosotros, el mundo entero tiene defectos y carencias que no están bajo nuestro control.
En fin, le dejé una llave de mi casa a Lucifer y viene cada vez que empiezo a tambalearme. No es la gran cosa, a veces lo espero y a veces no, pero siempre que viene tiene un gran motivo. Desde que nos hicimos amigos, aprendí que no sólo está él en la órbita y que voy a necesitar dejar entrar a algunos otros para entender situaciones futuras en las que tal vez él no tiene tanta experiencia. “Van a venir a verte. No les creas todo lo que te dicen, pero toma lo mejor y sigue en el juego”, me dijo. ¿Y las preguntas correctas? Son esas las que mis nuevos amigos me ayudarán a responder. Y honestamente… no puedo esperar para conocerlos.
Me gustó mucho, sé que habrá personas que critiquen y quieran quemarte por satánica, pero es porque no han entendido o no quieren entender
ResponderEliminarCada polo opuesto es parte indivisible de su antítesis, son uno mismo, atados perpetuamente y destinados a vivir juntos, y he ahí la decisión por tomar que nos conducirá a la armonía, o a la agonía. Luz y sombra, vida y muerte, paz y guerra, odio y amor, creación y destrucción, Dios y Lucifer. Todo ello está en nosotros, somos cada uno de ellos. Bienvenidos sean.
ResponderEliminar