Punto de quiebre
Hoy entiendo que la vida nada tiene que ver con hacer lo que otros dicen, sino lo contrario. Que la clave de estar bien está en el anarquismo emocional, en simplemente ser aunque incomode. En ese sentido, incomodar puede ser sinónimo de que se es demasiado grande para caber donde cientos han cabido juntos siempre. El dolor ocasiona el cambio y lleva al valeroso momento de quitarse la máscara de falsedad que a los demás les encanta mirar porque se identifican, porque saben que ellos también la llevan puesta. Cuando uno se ve caer a sí mismo como las hojas en otoño —incontrolable, inevitable, imparable y con un semblante seco— no hay vuelta atrás, ya se es otro. Ahora uno se percibe como se percibe a un campo lleno de aquellas hojas: hermoso, valioso y necesario. Y es cuando la necesidad se ha presentado, cuando en lo profundo se ha abierto una herida que entinta desde la raíz; cuando una parte de ti se ha muerto y la has visto yacer ante ti e irse arrastrada por el remolino que es el de...